viernes, 1 de agosto de 2008

Una noche Azul...



Hace muchas noches ya me sente a escribir... creo que el tiempo ya ha dado permiso ahora de leer...

Fab.
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AZUL


Una noche que buscaba entre libros viejos encontró las primeras veinte páginas de Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, aquel libro que le había prestado un gran amigo en el primer año de la Universidad, un poco más tarde y escondido junto con otras obras de platón estaban las restantes páginas de la historia y ahora se lo podía devolver completo y restaurado. La curiosidad por uno de los mejores libros que había leído lo atrapó de nuevo y comenzó a leer casi como por inercia: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas” Y entonces se preguntó: existiría algo de su vida que recordaría si estuviera frente a un pelotón de fusilamiento? Vinieron a el varios momentos relacionados con diferentes personajes que fueron parte de su vida y aunque en parte le pareció extraño recordó aquel momento talvez por el azar talvez por una mala jugada de su subconsciente, no lo supo nunca y no quiso perder el tiempo en esas discusiones personales... En algún momento ella se lo había preguntado y su respuesta fue muy privada e incompleta, asi es que ahora que le surgía la necesidad de contarle la verdadera historia tomó una copa de Cabernet sauvignon y se entregó a escribir...

Una tarde lluviosa, lo recordó perfectamente, a pesar de su increíble capacidad para ser un despistado…. será que cuando el alma llora sus ventanas se abren para captar hasta el más mínimo detalle? La cabaña era de madera, sin pintar, el techo de zinc sin cielorraso que permitía la entrada de un viento fresco por el día y unas terribles heladas por las noches. Un galerón protegía de la lluvia a la leña y la cocina en donde no podían faltar una olla de frijoles y una de arroz, la mesa para comer permitía observar el paisaje de robles rociados por la lluvia y acariciados por una densa neblina que daba una sensación de calma y desconcierto a la vez… por no poder ver más allá. Un corredor rúsicamente decorado, con una gran silla de madera que ocupaba casi todo su espacio y en donde miles de historias deben haber sido contadas y agunas otras faltan por contar, el camino se perdía en un pastizal hacia el este… La habitación pequeña pero lo suficientemente espaciosa para un catre y un “pasillo” (si es que se le puede llamar asi al espacio que quedaba entre la cama y la pared), colgando habían sombreros, alforjas, machetes y mecates, su maletín en el suelo humedo. Una ventana era su contacto con aquel bosque que saludaba con un aire fresco teñido con olor al musgo húmedo por el agua que este recogía de las nubes.

La misión que era muy simple resultaba secundaria a pesar del constante recordatorio de los materiales y libros que había llevado hasta allí. Tenía bastante tiempo de no saber lo que era la enfermedad del insomnio. En fin, entre el canto de los Hylidos y los Bufos y sus desesperados intentos por romper el cautiverio de plástico logró concentrarse lo sufuciente para encontrar el sueño.

Una mañana soleada después de una tarde de lluvia trae consigo una fuerte humedad y como en aquel lugar lo más parecido a un abanico era el batir de las alas de los zancudos, la incomodidad del ambiente lo llevó a abrir la ventana. Fueron presentados por el azar y nunca mas pudo olvidarla, fue un momento extraño, mágico, que se grabó en lo más profundo de su ser... Que absurda es la soledad que nos acompaña cuando nos sentimos más solos…Frente a el, con la gracia de una bailarina de ballet entrenada por miles de años en su arte bailó una tonada adornada con los cantos de los pájaros mañaneros y el viento fresco, y mientras despertaba e intentaba ordenar su cabeza hecha un torbellino de ideas la observó partir con igual gracia y elegancia, como una reina de las de su estirpe.

Unos días antes se tomó el último trago de una amarga cerveza y se dispuso a luchar contra su maldito orgullo, siempre creyó que cualquier momento puede ser el último de la vida y que es mejor intentar que arrepentirse de no haberlo intentado. Ni la tarde fría, ni la gente, ni el bullicio de los carros, ni el viento, ni los gritos de los vendedores compitiendo contra la lluvia “Paraguas, Sombrillas!”, nada podía vencer aquel momento. Se quedaron de ver en el café de siempre, ella un poco tímida, él decidido a no dejarse vencer. Conversaron y rieron porque su sonrisa y la forma en que sus ojos se iluminaban cuando reía le encantaba! Por eso siempre procuraba hacerla reír. Dentro de él una lucha que se resolvió en una acción casi instintiva, sus labios se encontraron, los corazones palpitaron al unísono y el mundo enmudeció por un instante y luego un adiós teñido de hasta luego... dependiendo del tiempo...

Esa noche bebío más de lo acostumbrado, por milagros del Whiskey escocés y el Flor de Caña desapareció el insomnio y tal como cae un árbol al ser cortado fueron cayendo uno a uno los soldados en sus respectivas camas.

Una mañana de resaca, la humedad se concentraba en el cuarto y el único remedio era de nuevo, la ventana. No recordaba muy bien la conversación de la noche anterior; muy honestas son las conversaciones etílicas, y aunque estaba seguro de que la había mencionado estaba tranquilo porque sabía que éstas tienen la ventaja de que cuando todos sus participantes llegan al nivel en donde ya la conversación parece ser coherente nadie recuerda luego de que se habló. El etanol es un consuelo en diferentes presentaciones.

El olor a musgo le dio los buenos días y fue como un llamado a devolver el saludo. Se asomo con el rostro hinchado y ahí estaba de nuevo... posada de tal manera que parecía coquetearle, su color tan fuerte como su belleza y su paz… aquel momento se le hizo eterno y se mantuvo observándola unos minutos mientras hundido en un mar de pensamientos y recuerdos que lograron ordenarse lugo de un instante tomó su libreta y su lapicero de tinta china y dejó que su mano dibujara las palabras, cuando volteó a ver ya ella había recorrido unos metros en su ballet de destellos azules:

“Encierras una extraña belleza,

azules destellos que nacen en las ventanas de tu alma…

vuela hacia mi mariposa azul

y llévame contigo!”

No sabia y nunca supo si el formato que le había dado a la historia se tornaría aburrido, solo esperaba poder describir los detalles que contribuyeron a moldear la historia e hicieron de ella un recuerdo tan fuerte como el del coronel Aureliano Buendía el día que conocío el hielo…No fue solo la belleza y la elegancia si no también la sensación que le había dejado al partir, la ligó a ella, a esos ojos brillantes a esa sonrisa que le alborotaba el alma de tal manera que fue inevitable preguntarse que sucedería si la perdía? Solo hacía unos días de que sus labios... ...?

Nunca tuvo dentro de sus planes olvidar esa mariposa azul. Una historia que solo dos podrían comprender... Por eso decidió un día entregarle la historia que habia comenado a escribir unos meses atrás con la ilusión de reescribirla con un final feliz, pero no en el formato original, pues la felicidad la habían encontrado en rumbos diferentes... Sin embargo la vida le tenía preparada una sorpresa, aquella mariposa azul que habia bailado para el habia volado lejos, ya no existía...

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Fab.

1 comentario:

Nómada dijo...

maje... interesante tu post... me gustó... últimamente lo veo bien bohemio empedernido, primo... jejeje